Lectura No 19: ¡Construyamos una nueva generacion de paz!

Por: Jairo Morales Nieto*

Especial para la Revista de Responsabilidad Social & Sostenibilidad

Articulo/Abril 2015

 

En un reciente escrito sobre la sociedad postconflicto dedicado a la dimensión generacional de la paz desarrollé la tesis acerca de la necesidad de colocar a la niñez, infancia y adolescencia en el núcleo central de la estrategia de paz y reconciliación que necesariamente tendrá que diseñar el gobierno como resultado de los acuerdos de paz.

 

Tengo tres razones principales para sustentar esta tesis. En primer lugar, según cifras oficiales, se ha contabilizado una población de más de dos millones de niños, niñas y adolescentes víctimas directas del conflicto armado secular en los pasados treinta años. En segundo lugar, conforme a una consideración histórica, las sociedades postconflicto miran más hacia el futuro que al pasado (sin olvido, desde luego) y tienden a privilegiar más a las nuevas generaciones que a las viejas que convivieron con el conflicto. En tercer lugar, en el mundo globalizado de hoy, son los jóvenes los que están haciendo las grandes transformaciones tecnológicas, culturales, politicas y sociales.

 

Miremos por un momento, quiénes son los progenitores de Microsoft, Apple, Google y Facebook; miremos también a los precursores de la llamada ‘Primavera Árabe’; a los líderes del ‘Movimiento de los Paraguas’ por la democracia en Hong Kong; a Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014. ¿Qué tienen en común todos ellos? Simplemente, ¡todos ellos comenzaron a hacer las grandes transformaciones cuando eran adolescentes y jóvenes!

 

Por estas razones, y el reconocimiento de que los niños, niñas y adolescentes tienen voz y mucho que decir y aportar sobre el mundo y el país que quieren y sobre las formas y maneras de cómo configurarlo y transformarlo, planteo hacer de la juventud el núcleo central de la estrategia postconflicto, con obvio énfasis en las poblaciones víctimas del conflicto armado insurreccional, que incluiría también a los jóvenes desmovilizados y judicializados para que todos tengan una nueva oportunidad sobre la tierra.

 

La visión teleológica que tengo es construir desde ya una nueva generación de paz alejada de los métodos violentos de imposición de objetivos, acoplada a los métodos democráticos de consenso y decisión y con pleno goce de sus derechos y responsabilidades como ciudadanos capaces de velar por la calidad de sus vidas y el bienestar de sus congéneres.

 

Como objetivo global he establecido promover la protección integral de los niños, niñas y adolescentes víctimas del conflicto armado, indistintamente de su ciclo de vida, dentro de un enfoque diferenciado e integrador y mediante la creación y/o fortalecimiento de sólidos entornos familiares, comunales y locales de prevención y protección de derechos y responsabilidades empleando la plena capacidad del estado, las fuerzas de mercado y el poder de la sociedad civil.

 

Como meta establecía llegar al año 2025 a una situación de cero víctimas y hechos victimizantes y la erección de una generación de jóvenes integrada plenamente a la economía del conocimiento, al mercado laboral y al desarrollo económico del país.

 

Las preguntas que surgen son: ¿lo podemos hacer? Pienso que si hay plena voluntad política y compromiso de la sociedad, gobierno y mercado, el país nacional y local en asociación con la comunidad internacional estaría en plena capacidad de afrontar el reto de hacer realidad la proclama del “Basta Ya” del magnífico informe del Centro de Memoria Histórica y entrar por la puerta grande a la modernidad política a partir de la consagración y respeto a los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

 

¿Cómo y dónde hacerlo? Fundamentalmente mediante un “Contrato Local por la Paz” que es un acuerdo legal mediante el cual todos los ciudadanos de un determinado territorio (municipio, vereda y caserío), expresan la voluntad política por la paz, renuncian libremente a la violencia como método de imposición de objetivos, se comprometen a actuar y operar a la luz de las reglas del juego democrático y del estado de derecho, se responsabilizan por la reducción de las desigualdades sociales en su territorio y suscriben un compromiso concreto en cuanto a la prevención, protección y promoción de todos los niños, niñas y adolescentes residentes en el respectivo territorio.

 

El contrato local por la paz significa reordenar todas las fuerzas locales representantes de la sociedad, estado y mercado en un determinado territorio para producir equilibrios entre la demanda de bienestar social (derechos y servicios) conformada por las poblaciones vulnerables y vulneradas y la oferta de bienestar social (derechos y servicios) constituida por las instituciones de protección familiar, inclusión social y reintegración y las organizaciones del mercado.

 

Para evaluar si este enfoque es viable y factible, he propuesto realizar una acción experimental de prueba de hipótesis a partir de la identificación de un grupo representativo de municipios víctimas del conflicto armado de modo que podamos extraer lecciones y perfeccionar la estrategia para replicarla a escala nacional.

 

*

 

Muy interesante, me dirán algunos de los lectores, pero ¿qué tiene que ver este tema generacional y la propuesta de estrategia con la actividad empresarial? Pienso que la relación es grande si le damos una lectura a la propuesta desde la perspectiva de la responsabilidad social como paradigma de la ética empresarial moderna y del desarrollo sostenible entendido como la creación de eco-sistemas empresariales que contribuyan a la estabilidad social y a la mejora de la calidad de vida de la población.

 

Reconocemos que la comunidad empresarial colombiana e internacional está apostando con fuerza por la paz. Ahora es el momento de traducir esos compromisos en estrategias y acciones concretas en estrecha alianza con el gobierno y la sociedad civil.

 

La apuesta es unirse al objetivo de cero victimas y hechos victimizantes mediante la oferta de opciones de aprendizaje y empleo a los jóvenes en edad laboral en todos los municipios de país. No solo es tarea de los grandes empresarios y sus corporaciones a nivel nacional e internacional. Es por sobre todo un reto de los empresarios locales que tienen que contribuir mucho en la construcción de políticas de empleo local en beneficio de los jóvenes víctimas, desmovilizados y judicializados, y así evitar que estas poblaciones por falta de opciones y oportunidades reales de reinserción social y laboral sean captadas o recapturadas por las organizaciones criminales que operan en todo el territorio nacional. Allí está una de las claves de la estabilidad política y seguridad ciudadana que todos ambicionamos.

 

* Jairo Morales Nieto. Doctor en Economía. Experto Internacional en Paz y Desarrollo. Ciudad del Cabo, Suráfrica. Abril 2015.