Lectura No 2: La axiología de la paz

Por Jairo Morales Nieto*

Especial para EL NUEVO SIGLO

Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Artículo | Junio 16, 2013

 

La perspectiva de una paz duradera comienza por la vía del entendimiento y consenso de los negociadores de paz en torno a los valores sociales fundamentales sobre los cuales se debe sustentar un acuerdo final y su ulterior implementación. Si dicho entendimiento y consenso no ocurre, se puede anticipar un acuerdo de paz de poca calidad, utilidad y duración. Por el contrario, si hay comunión de ideales y visiones, el resto son detalles.

 

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Este enunciado nos da base para explicar con mayor claridad el título y sentido del encabezamiento de este artículo.

La axiología es el estudio de los valores sociales. La axiología de la paz, como queremos denotar aquí, es el estudio de este ideal social como parte de un sistema integrado de valores sociales fundamentales.

 

En un estado democrático de derecho en perfeccionamiento, como bien puede ser el caso colombiano, el sistema integrado de valores sociales fundamentales comprende, además de la paz, la libertad, la justicia y la equidad. En su acepción general, paz es la cesación del conflicto y de la confrontación armada; libertad es el derecho de pensar, hablar y actuar sin afectar los derechos de otros; justicia se entiende como el trato justo e imparcial ante la ley; y, equidad es la garantía de las mismas oportunidades y opciones para todos los ciudadanos.

 

En un estado democrático de derecho, los valores sociales descritos arriba son interdependientes, de modo que la realización de un valor social (u objetivo) está condicionada por el logro de los otros valores u objetivos sociales.

 

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Esta condición de interdependencia entre los valores sociales se puede ejemplificar de la siguiente manera, tomando como eje central la relación de la paz con los otros valores sociales enunciados.

 

Comencemos con la relación de los valores paz y libertad. En este caso, la paz depende de la libertad que se ofrezca a los insurgentes para que expresen sus ideales y propuestas para hacer viable la cesación del conflicto y para participar en la vida política del país una vez ocurra el desarme y la desmovilización. A su vez, la paz depende de la liberación inmediata e incondicional de todos los ciudadanos secuestrados y en cautiverio, sean estos civiles o miembros de la Fuerza Pública y, desde luego, la liberación de los niños y niñas convertidos en milicianos por la fuerza.

 

Sigamos ahora con la relación entre paz y justicia. En este caso, la paz está en función de la manera cómo se define y aplica la justicia para resarcir los daños y sufrimientos causados a las víctimas del conflicto; para castigar a los perpetradores de crímenes y luchar contra la impunidad; y, para ofrecer garantías jurídicas y personales a los insurrectos desmovilizados, juzgados y perdonados para que se reintegren a la sociedad con pleno uso de sus derechos y obligaciones como ciudadanos libres.

 

Finalmente, mencionemos la relación entre paz y equidad. Aquí los protagonistas principales son las víctimas del conflicto que reclaman el derecho no sólo a la justicia transicional sino a la equidad como acción retributiva de la sociedad por las pérdidas generacionales en materia de capital humano, capital físico y bienestar social en general. La equidad retributiva asume la forma de una política pública postconflicto orientada a restaurar la estabilidad política y social del país y a eliminar o reducir sensiblemente los factores estructurales que dieron origen al conflicto. Si bien la política de equidad restaurativa se enfoca en las víctimas, tiene la virtud de que no es excluyente en el sentido de que se diseña e implementa como una oferta generosa de la sociedad a todos los excombatientes desmovilizados y perdonados para que se reencuentren con sus comunidades de origen y puedan rehacer pacíficamente sus vidas, para lo cual, desde luego, habrá que desarrollar programas especiales de salud mental, re-socialización, educación y capacitación técnica y laboral.

 

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Con lo expuesto anteriormente, no parece que necesitemos argumentos adicionales para ahondar en la discusión sobre la relación de interdependencia entre los valores sociales aludidos y su importancia para hacer de la paz un hecho real y duradero. Acaso lo que hay que precisar es que la ausencia de uno o varios de estos valores en las negociaciones de paz significa literalmente el deceso temprano de la paz como ideal nacional.

 

La aludida interdependencia de los valores sociales es una razón propia de la naturaleza de una sociedad democrática y un estado de derecho. En otro tipo de estados, digamos no democráticos, los valores sociales pueden tener un significado absoluto, es decir, ser independientes entre sí, de modo que un objetivo o valor social bien puede lograrse sin la aparición y realización de los otros valores esenciales.

 

Esta situación de valoración absoluta es común en los gobiernos dictatoriales y autocráticos que usualmente imponen, por ejemplo, la paz por la fuerza, sacrificando la libertad, la justicia y la equidad. En otros casos, encontramos otro tipo de gobiernos que tras el objetivo de la equidad entendida como igualitarismo coartan la libertad, ignoran la justicia y al final sacrifican la paz. En el otro extremo, hay sistemas de gobierno que en el afán de sostener la libertad a toda costa como libertarismo individual, sacrifican la equidad social y con ello la justicia y la paz. La historia antigua, moderna y contemporánea está llena de ejemplos sobre estos casos, así que no es necesario hacer particular referencia a un país o sistema de gobierno en especial.

 

Hay que denotar que en el proceso de creación o perfeccionamiento de una sociedad democrática, los valores sociales son ideales a los que hay que darles vida mediante acuerdos legales e institucionales que permitan su imposición y adopción en la práctica.

 

La resultante de todos estos arreglos debe ser un contrato social alrededor del cual la sociedad se compromete a renunciar al conflicto por medios violentos y a incorporar el sistema de valores en todos los aspectos de la vida pública y cotidiana a nivel de la comunidad, de los hogares y de los individuos.

 

En un principio, un valor social puede adquirir mayor connotación que los otros en atención a determinadas especificidades y circunstancias históricas y políticas. Pero el objetivo final debe ser la configuración de un sistema de valores simétrico y equilibrado, donde todos los valores sociales tengan la misma importancia y el mismo peso relativo.

 

Esto es lo que enseña la evolución de las transiciones más exitosas hacia la democracia y el estado de derecho en el mundo contemporáneo. Pensamos, por ejemplo, en los casos de España, Chile y Sudáfrica, donde los valores de paz y justicia tuvieron particular significado en los momentos tempranos de la transición, pero al final, el éxito del proceso de cambio societal se logró como resultado de una combinación armoniosa y equilibrada de y entre estos valores, la libertad y la equidad, siendo éste último, hoy en día, el objetivo fundamental a consolidar, particularmente en Chile y Sudáfrica.

 

La exposición de estas ideas en torno a la axiología de la paz se hace con el doble propósito de animar el debate público y nutrir las negociaciones de paz con los ideales sociales y estándares que todos los colombianos queremos que se reflejen en los acuerdos de paz y, así, evitar revivir otros ‘cien años de soledad’.

 

* Doctor en Economía. Experto Internacional en Paz y Desarrollo. This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.